De médico especialista a paciente por covid-19, una historia de lucha – Cali – Colombia



Jorge Salazar, médico intensivista, y especialista en epidemiología y nutrición, se enfrentó con la dura batalla del covid-19 a sus 64 años. El motivo de su contagio sería por la cercanía con pacientes sospechosos del virus en la unidad de cuidados intensivos (UCI), en una clínica en el sur de Cali.

En Colombia son 678 trabajadores de la salud que están contagiados por el virus, en Cali van 61.

¿Cuál fue su primer acercamiento con el covid-19?

Cuando empezó a aparecer la pandemia nadie estaba preparado, en todos los países del mundo empezaron a ver qué estaba pasando. Las primeras informaciones que nos llegaron a nosotros fue de lo que pasó en Wuhan, cuando vimos que empezó el brote en otros países, supimos que nos podía llegar a nosotros.

En el mes de febrero, empezamos a pensar que teníamos que enfrentarnos a ese tipo de pacientes. Cuando empezaron aparecer los primeros casos al final de febrero y principios de marzo, abrimos la Unidad de Cuidados Intensivos especial y me dediqué a manejar los pacientes durante el día, en la noche ya lo manejaba otro médico. Me hice cargo de ese tipo de pacientes porque soy el jefe de la UCI.

¿Cómo ha sido su contacto con los pacientes sospechosos o positivos del virus?

El contacto que más tenía con esos pacientes era de 12 horas diarias. Sin embargo, durante todos esos días que estuvimos nunca tuvimos la presencia de un paciente con covid-19 positivo, sino sospecha por los síntomas respiratorios.

¿Cuándo empezó su lucha?

El día que probablemente me contagié fue el 16 de abril, cuando trasladamos un paciente con sospecha de coronavirus pero que había ingresado por una infección urinaria. El paciente empezó con deterioro respiratorio, entonces decidimos pasarlo a paciente con covid. Posiblemente, en algún momento del traslado rompimos la técnica escéptica por alguna razón y eso fue la causa de la contaminación.

La ventaja que nosotros tenemos es que la clínica nos había dado todos los elementos necesarios de protección y seguridad para manejar este tipo de pacientes, entonces nosotros estábamos protegidos.

Todas las infecciones son mortales, en ese día probablemente me contaminé. Al día siguiente, a las 5:30 de la tarde, sentí escalofrío, malestar, cansancio y las manos frías.

Me fui para mi casa, y decidí aislarme, se lo comenté a mi esposa. Después me fui para la ARL y les comenté mis síntomas, me realizaron la prueba del coronavirus y me dijeron que tenía 5 días hábiles. Me recomendaron no trabajar, tomar acetaminofén, vitamina C, usar tapabocas y permanecer aislado en casa. .

Esos días en la casa estuve muy enfermo, con diarrea, vómito, malestar, decaimiento. No me dio dolor de cabeza, garganta, ni dificultad respiratoria, ninguno de los síntomas que supuestamente eran patognomónicos de la enfermedad.

A raíz de eso, uno se da cuenta que existen tres tipos de infección por el coronavirus: uno, es a nivel pulmonar, es el más deteriorante, empieza con aumento de la frecuencia respiratoria y dificultad para respirar, empieza a tener problemas de oxigenación y el paciente se compromete mucho en su respiración y esa sensación de ahogo hace que lo lleve a consultar rápidamente y puede terminar en la UCI intubado; dos, a nivel neurológico, causando insomnio, dolor de cabeza, pérdida del gusto y olfato, en cierta forma te deprime; tres, a nivel gastrointestinal, genera dolor abdominal, estrigastralia, lo que llamamos dolor de estómago, diarrea, vómito, pérdida del gusto, inapetencia y un malestar terrible que no te provoca hacer nada, ese fue el cuadro que me dio a mí.

A mí se me complicó porque tuve un poco de problemas respiratorios, entonces me hicieron un tac de tórax y encontraron que tenía un compromiso de un tercio inferior de los dos pulmones.

Desde ese momento dije “vamos a pelear, no quiero ir a cuidados intensivos”. Me desaturé, me tuvieron que poner oxígeno, y empecé a hacer terapia respiratoria yo mismo, me ayudé y fui mejorando.

Con el equipo de protección y seguridad para atender pacientes sospechosos por covid-19 en la UCI.

¿Dónde enfrentó su batalla frente al covid-19?

Estuve hospitalizado en la clínica Imbanaco, me dieron una atención magnífica porque tienen un personal muy calificado y así como lo estamos haciendo en nuestra clínica, tienen el apoyo de la psicóloga, el trabajador social, la enfermera, los de laboratorio, patólogo, médico internista, infectólogo. Quienes dan un acompañamiento a la persona en un fenómeno de humanización del tratamiento del paciente.

¿Cómo fueron esos días como paciente?

Estando hospitalizado, los primeros días fueron horribles porque los efectos colaterales de las drogas que le dan a uno para combatir el coronavirus exacerban los síntomas que ya tenía. También ocasionó una descomposición corporal, porque afecta los electrolitos. El 60 por ciento del peso corporal es agua, entonces si usted se deshidrata todo funciona mal.

Considero que el tratamiento del paciente debe incluir la anticoagulación y el freno de la respuesta antiinflamatoria.

Cuando me convertí en paciente, les dije a los médicos tratantes que no iba a opinar nada, “ustedes son los que me van a tratar, yo creo en ustedes”. Al principio los exámenes salieron muy malos, ellos fueron muy honestos y me lo dijeron.

Algunas de estas respuestas en los exámenes de laboratorio se mostraron que las enzimas del hígado estaban alteradas y que se estaba empezando a comprometer la parte renal, entonces los médicos cambiaron el manejo que me estaban dando y después vi una respuesta positiva a lo que me pasó.

El tercer día fue horrible, estaba deshidratado, con diarrea, vómito y escalofrío, en una pieza amplia de unos 5 metros cuadrados, pero aislado del mundo externo, con mucho frío, y completamente solo. El aire es a pérdida, no había cómo bajarle la temperatura.

¿Cómo pasaba sus días en la clínica?

Estaba hospitalizado en el octavo piso de la clínica, ese piso tiene un problema, el ruido y viento por fuera es terrible, se oía la presión del viento contra el edificio, además el sonido de unas bombas de infusión que empiezan a pitar. Entonces el frío del cuarto, la pitada de las bombas, el soplido del viento, el estar solo y saber que estaba enfermo fue bien duro.

Me pegué de la mano de Dios, me acordé de unas palabras que me dijo mi señora en una ocasión, “los grandes guerreros los selecciona Dios para las batallas más intensas y difíciles”, así que decidí dar la pelea.

No pensé en ningún momento en la muerte, ni pensé que esta es una solución a mis problemas como mucha gente lo piensa, sino que dije vamos a pelearla y lucharla. El cambio lo noté cuando me pude bañar solo, eso para mí fue una gran alegría.

Hay dos personajes muy importantes para el manejo de los pacientes en la UCI y fuera de eso en la hospitalización, son la psicóloga y la nutricionista. Todos los días iban a visitarme 15 o 20 minutos para escucharme, aprovechaba ese tiempo porque no tenía ningún contacto con nadie más durante todo el día.

El coronavirus te da esa maluquera, esa desazón, te quita las ganas de hacer las cosas, te da lo mismo si el televisor está prendido o apagado, si es de día o de noche. En una ocasión me metí a buscar un libro en internet, pero no me dieron ganas de nada, solamente contestaba las llamadas de algunos colegas, mucho desánimo y desaliento.

¿Qué alimentos podía consumir?

Los alimentos que toleraba era la gelatina, me servían la roja y la verde, la segunda siempre la devolvía. No podía consumir otros alimentos porque no tenía olfato ni gusto y me daba náuseas.

El chuzón para la arteria duele mucho y a veces no es fácil encontrar la arteria porque el paciente está deshidratado, nervioso o se le colapsan los vasos. Entonces las chuzadas para las muestras de laboratorio eran terribles, siempre era antes del desayuno.

¿Cuándo se recuperó?

El día quinto fue el cambio radical, los exámenes salieron mejor, mejoré en la saturación, me quitaron el oxígeno, y me pidieron continuar el aislamiento en casa. Esos seis días en la clínica fueron terribles por el insomnio. El 27 de abril me tomaron la muestra y el 30 salió el resultado.

¿Cómo era la comunicación con su familia?

Mi señora me llamaba a diario por el celular, me comunicaba a veces por WhatsApp o videollamada, pero igual no me provocaba nada.

¿Cómo está conformado su hogar?

Vivo con mi señora y mi hijo menor. Tengo tres hijos hombres: el mayor es médico internista, trabaja conmigo en la clínica, su esposa también es médico internista; mi segundo hijo también es médico internista, vive en argentina, se retiró de la medicina y se dedicó a los negocios, tiene una venta de galletas extraordinarias, se llama ‘Brownie Planet’, eso le da mucho más dinero que la medicina; mi tercer hijo tiene 21 años y vive con nosotros, él está en sexto semestre de medicina y está incursionando la parte de los negocios.

Gracias a Dios conseguí una esposa que me dio todo lo que un hombre necesita para ser feliz, es el candor que no lo tienen todas las mujeres, el don de gente, la humildad, la sencillez y que siempre le ha gustado reírse como yo. Hemos pasado la vida agradecidamente buena y eso era lo que me ponía a pensar mientras estaba hospitalizado, me decía “Dios me ha dado todo lo bueno a mí, ahora es dar un rato de sufrimiento y luchar por salir adelante”.

Mis tres hijos tienen que ver con la medicina, no porque les haya inculcado estudiar esa carrera, les dije podían estudiar cualquier cosa, pero que le sirva para dos cosas: su subsistencia y que los haga feliz.

Foto familiar del doctor Salazar junto a su esposa Amparo Jaramillo y sus tres hijos, José David, Esteban Felipe y  Jorge Alberto.

¿Qué lo inspiró a ser médico?

Me inspiró estudiar medicina varias cosas: cuando estaba muchacho, me gustaba leer la biblia, al principio dije que no quería ser cura porque me gustan las mujeres y la rumba, pero si me gusta Dios, me gusta ayudar a las personas, me siento feliz con eso.

Siempre me puse una meta en la vida, ser el médico más importante dentro de la medicina, no por los títulos, sino para llegarle al paciente a su corazón, para ayudarle en algo y que se pueda sentir mejor.

Decidí estar en la parte de cuidados intensivos porque están los pacientes más graves, entonces me tocó estudiar varias especialidades hasta llegar a hacer medicina crítica y cuidados intensivos y después hice el magíster en epidemiología.

La medicina era de élite, es de bastante estudio, había que leer mucho para ser una buena persona o un médico importante y en la Unidad de Cuidados Intensivos, es el sitio donde todos los especialistas llevan sus pacientes cuando necesitan un manejo más invasivo.

Toda la vida me gustó ayudar a la gente, la satisfacción personal de ayudar a alguien, sacarlo adelante, estar con él, ayudarlo en el sufrimiento, mostrarle las bondades de Dios, es lo que me ha motivado en esta profesión durante 35 años.

¿Cómo fue su aislamiento en casa?

Pasé 14 días viviendo en una pieza aparte con un baño, me tocaban la puerta y me dejaban en un asiento la comida, mi familia siempre con sus tapabocas y las puertas cerradas, afortunadamente ellos salieron covid negativo.

¿Cómo se encuentra de salud en este momento?

Me encuentro un 85, casi 90 por ciento curado, me falta un poco porque aún tengo la maluquera y el desánimo, siempre he sido una persona muy dinámica, no me gusta quedarme sin hacer nada.

¿Ha pensado volver pronto al trabajo?

Volví este lunes 18 de mayo, no me gustan las incapacidades porque yo soy hiperquinético. En la clínica me mantengo haciendo todo, eso sí, con las medidas de precaución siempre, la seguridad no se puede evitar.

Al volver al trabajo me sentí mejor, estuve pasando pacientes a rayos x, recibimos pacientes, pusimos catéteres, estoy haciendo lo que siempre hago en mi rutina, ya tengo las ganas de hacer las cosas.

¿Cómo fue su salida de la clínica donde estuvo hospitalizado?

Cuando salí de la clínica me hicieron una calle de honor como diez personas, me aplaudieron y me trataron como un héroe, se me mojaron los ojos. Después me encontré con mi mujer en la parte del sótano de la clínica, ni siquiera pude darle un beso ni abrazo, me senté en la parte de atrás del carro y me confiné en casa.

¿Cómo fue el recibimiento en la clínica donde trabaja?

El recibimiento en la clínica donde trabajo fue muy especial, realmente sentí el cariño de todos, los vigilantes, enfermeras, auxiliares, los del aseo, camilleros, colegas, administrativos y los de la cafetería. Hubo gente que se le mojaron los ojos, otros lloraron, querían abrazarme pero tocó saludo con el codo.

¿Dónde nació?

Nací en Bogotá, hace 64 años, pero hace 60 años vivo en Cali, me considero caleño.

¿Qué aprendizajes le dejó esta experiencia?

El paciente no se puede dejar solo en ningún momento, hay que entrar a verlo todos los días y hablar con él. Es muy importante el auxiliar de enfermería, porque vive con el paciente cada minuto. Reconocer que el personal que trabaja en salud cada día está más dotado de conocimientos y sensibilidad hacia el paciente enfermo crítico. El respeto por el personal que trabaja con uno, las enfermeras, auxiliares, médicos, pero principalmente con las personas del aseo, son muy necesarias para que uno pueda estar tranquilo en la habitación, son de una humildad y paciencia extraordinaria.

Hoy es el doctor y mañana el paciente, hoy da las órdenes y mañana las obedece, entonces la vida te cambia de un momento a otro. Aprendí que cualquier día la vida te cambia, debemos estar preparados para cualquier cosa, el ayer ya no hay como cambiarlo, el presente es lo que estás viviendo, lo que puedes modificar y el futuro es incierto.

Ser sincero con las personas que amamos, gracias a Dios siempre les mostré a mis hijos y esposa el amor que les tenía. La importancia de la amistad, los mensajes, llamadas. Me partió el alma la llamada de cuatro pacientes que lloraron al decirme que estaban conmigo, que luche. Me llamaron de todas partes.

Uno siempre debe estar de la mano de Dios, eso lo pone a uno a meditar sobre lo que está pasando, analizar la situación. Cuando está solo con usted mismo en una habitación enfermo, usted empieza a meditar y orar con sentimiento.

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