Desnutrición crónica acecha a más de la mitad de Colombia – Otras Ciudades – Colombia

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Los datos son contundentes. El 58 por ciento del país está en riesgo de que su población menor de cinco años sufra desnutrición crónica o retraso en talla debido a que reúne todas las condiciones para padecer este mal que no es letal, pero frena el desarrollo de los niños para siempre.

Los estudios demuestran que un niño que sufre esta enfermedad antes de los dos años puede llegar a tener 14 puntos menos de coeficiente intelectual en su edad adulta, acumular cinco años menos de educación y ganar menos de la mitad del salario de una persona que nunca la padeció; por eso las alertas se prendieron hace unos días cuando se conoció la noticia.

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El Índice de Desnutrición Crónica 2020, creado por la Fundación Éxito, evidenció que el 26 por ciento de los municipios del país está en situación crítica y baja y 36 por ciento en media, con un alto riesgo de caer a los niveles inferiores por los efectos de la pandemia. Para llegar a estos resultados, la herramienta examinó los 12 factores que son considerados como los ‘ingredientes’ perfectos para que se presente la enfermedad. Entre ellos están bajo peso al nacer, nacimientos de madres entre los 10 y 19 años, bajo nivel educativo de las mamás y falta de acceso a agua potable.

El 96 por ciento de los municipios de Colombia, un total de 1.076, cuenta con información a 2018 de esas variables, lo demás no disponen de los datos lo que lleva a pensar que pueden estar peor. Es el caso de Chocó, donde solo se pudieron evaluar ocho de los 22 municipios porque carecen de información y de los analizados, 75 por ciento está en grave riesgo.

“La categorización del índice se definió de 1 a 5, en la que 1 es el estado crítico y 5, el sobresaliente. En las categorías 1 y 2 son más kilómetros cuadrados de territorio con altas tasas de pobreza, PIB per cápita bajo y altos índices de desigualdad. Así mismo, es donde habita la mayoría de la población indígena y afrocolombiana con un patrimonio cultural inmenso y amenazado, un entorno natural de difícil acceso, azotado durante décadas por la presencia del conflicto armado, con una dinámica de fronteras, de economía extractiva y en ocasiones de cultivos ilícitos. En estos territorios las deficiencias de cobertura, infraestructura y acceso a educación y servicios de salud con calidad son muy grandes”, explica Escobar Paula Escobar, directora de la Fundación Éxito.(Lea también: Alerta por riesgo de desnutrición crónica en Colombia).

Amazonía y Orinoquía

La descripción que hace Escobar corresponde con los municipios de Amazonas, Vaupés, Guaviare y Vichada donde el 92 por ciento de los examinados quedaron en las categorías crítica y baja. Entre todos ellos el más crítico es Cumaribo en Vichada. El municipio más extenso de Colombia, tanto que es más grande que decenas de países en el mundo, por ejemplo, Sri Lanka. Según el Dane (2020) en sus 65.674 kilómetros cuadrados habitan 78.863 personas, de las cuales el 13,37 por ciento son menores de 5 años, es decir, 10.543. Una población en alto riesgo porque el municipio tiene todos los factores para que surja la desnutrición crónica.

Otro factor agravante es la incidencia que tuvo el conflicto armado en todo el territorio, que ha llevado a la violencia y al desplazamiento forzado interno

A su alcalde, Juan Carlos Cordero, lo entristeció la noticia, pero para nada lo sorprendió. Asegura que los resultados evidencian lo alejados que él y sus coterráneos están de las mieles del desarrollo por cuenta del “abandono estatal histórico y del tamaño del territorio que lo hacen tan singular”. Una realidad que les impide tener saneamiento básico (solo el 11 por ciento de la población tiene acueducto), servicios de salud eficientes (solo el 56 por ciento tiene afiliación al sistema de salud) y acceso vial (vías terciarias en regular y mal estado).

“Otro factor agravante es la incidencia que tuvo el conflicto armado en todo el territorio, que ha llevado a la violencia y al desplazamiento forzado interno. A partir de la bonanza cocalera que se estableció en el municipio durante más de 25 años, muchos indígenas abandonaron la producción tradicional de sus alimentos a cambio de trabajar en la recolección de la hoja de coca debido a que les representaba mayores ganancias.

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Con el pasar de los años, las acciones gubernamentales en contra de los cultivos ilícitos, el declive de estos, sumado a los combates entre el Ejército y los grupos armados ilegales, generaron desplazamientos forzados que dejaron en riesgo la integridad étnica, su tejido sociocultural y la seguridad alimentaria.

La crisis humanitaria causada llegó a tal nivel que fue declarado en alto grado de vulnerabilidad el pueblo sikuani, el de mayor presencia en el territorio; lo fue a tal punto que se declaró etnia en riesgo de extinción”, agrega el mandatario.

La radiografía de Cumaribo, con unas pocas particularidades, es la misma de los otros municipios que están en nivel crítico y bajo del Índice de Desnutrición Crónica 2020. La mayoría están ubicados en Nariño, Cauca, La Guajira, Cesar, Magdalena y Córdoba. En el caso del Valle del Cauca son los que están en el litoral pacífico. Sucre tiene el 20 por ciento de los municipios analizados en situación crítica y baja y Bolívar, el 48,9 por ciento.

No bajar la guardia

Aunque en los departamentos de Atlántico, el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, Caldas, Risaralda, Quindío, Tolima, Huila, Antioquia, Santander, Norte de Santander, Cundinamarca y Boyacá los resultados del Índice son más favorables debido a que la mayoría de los municipios analizados se ubicaron en las categorías sobresaliente y superior, no significa que puedan sentirse satisfechos y bajar la guardia.

Las inequidades internas en cada departamento son altas y, por tanto, pueden tener unos territorios con factores para combatir la desnutrición crónica y otros que carecen totalmente de ellos.

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Además, gran parte de los departamentos concentra la mayor cantidad de población del país y, por tanto, el mayor número de niños, que por efectos de la pandemia pueden estar en serios peligros. Como señala la economista Ana María Ibáñez, asesora principal de la Vicepresidencia de Sectores y Conocimiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), los impactos sanitarios, sociales y económicos del coronavirus afectarán fuertemente a la clase media emergente, que es la más vulnerable a caer en pobreza, lo cual golpeará de manera directa a la niñez, como ha sucedido en otras crisis.

La experta sostiene que los gobiernos y la ciudadanía en general deben comprender que la desnutrición crónica es un problema de todos y no solo de los niños que la padecen y sus familias, debido a que frena su desarrollo como personas y, por ende, el de la región en la que habitan.

Básicamente lo que les pasa a los niños determina su futuro, por eso hay que invertir en ellos de una manera decidida y consciente, para lo cual se deben focalizar las acciones

“Es un lastre para el desarrollo de los niños y, en general, para el desarrollo económico y social de las regiones. Por eso esta situación es bastante preocupante, más si tenemos en cuenta la emergencia actual dada por la pandemia que acentúa los factores que llevan a la desnutrición crónica”, agrega Escobar.

Lo paradójico es que la inversión en nutrición es altamente costo-efectiva, pues expertos en economía (Hoddinott, Alderman, Behrman, Haddad, & Horton, 2013) estiman que invertir un dólar en programas enfocados a reducir la desnutrición crónica genera en promedio beneficios de alrededor 18 dólares, gracias al incremento de la productividad en la adultez que logran los niños que superan este estado. Mientras que no invertir significa reducir el PIB, ya que la malnutrición lo disminuye en aproximadamente 11 por ciento.

(Además: La directora de la Fundación Éxito responde tres preguntas sobre el Índice de Desnutrición Crónica).

“El mensaje a los dirigentes es que los impactos sobre la primera infancia no son solo los impactos que se tienen hoy, básicamente lo que les pasa a los niños determina su futuro, por eso hay que invertir en ellos de una manera decidida y consciente, para lo cual se deben focalizar las acciones. Infortunadamente no tenemos todos los recursos que quisiéramos para invertir, entonces es muy importante encontrar a las personas que más la necesitan y el Índice de Desnutrición Crónica 2020 es una buena manera de hacerlo”, señala Ibáñez.

Recomendación de expertos

-Mayor acompañamiento del nivel nacional para estructurar sus políticas de primera infancia, salud y seguridad alimentaria.

-Mayor asistencia técnica y concurrencia de recursos para implementarlas.
Servicios básicos de saneamiento, agua potable o segura, acceso a salud y a educación de manera más generalizada.

-Tejido social y acción comunitaria, ya que han sido fracturados por las dinámicas recientes de la guerra y la ilegalidad. Se puede lograr con actividades de acompañamiento familiar y redes de apoyo que tengan como eje el cuidado de la niñez, su salud y su nutrición.

-Estrategias flexibles de telemedicina, atención extramural, medicina intercultural, entre otras, que sean respetuosas de las culturas, generen adherencia y resultados efectivos en la protección de la salud y la nutrición.

-Para las otras categorías las recomendaciones básicas son enfocar sus intervenciones directamente a las mujeres gestantes con bajo peso y a los niños y niñas con riesgo o con desnutrición crónica. También apoyar la lactancia materna exclusiva y complementaria.(Le recomendamos: El alquimista del bienestar, entrevista con el doctor Carlos Jaramillo).

ÁNGELA CONSTANZA JEREZ*
Para EL TIEMPO* Coordinadora de NiñezYA, magister y especialista en desarrollo, y periodista.

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