Júpiter el león y Ana Julia, una historia más allá de las rejas – Otras Ciudades – Colombia

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Cuando Júpiter ‘abrazaba’ a Ana Julia Torres, la gente le preguntaba a ella que si no le pesaban mucho las enormes patas sobre sus hombros, y ella decía que no sentía más que amor por ese animal que alcanzó a pesar 260 kilos, al que le brillaba la melena y en los músculos se le notaba la fuerza. Sin embargo, Ana Julia lo encontró totalmente distinto la semana pasada: estaba en los huesos, con el pelo opaco y la mirada perdida.

Torres cuidó al animal durante 19 años, casi desde que nació, y dice que el amor que siente por él es el que siente una madre por su hijo. “Me dio un pálpito, tenía que verlo. Era como el llamado que le hace un hijo a su madre de que se está muriendo. Yo sentía como si me estuviera diciendo que fuera a visitarlo antes de que muriera”. Cuando llegó al zooparque Los Caimanes, en Montería, lo vio así y no pudo hacer nada más que llorar. “Allá me dijeron que el león no comía desde el lunes, pero yo no sé, un animal como él no baja de casi 260 a 100 kilos en ese tiempo. Los leones aguantan hasta 20 días sin comer”, dice Ana Julia.

La mujer no tardó en publicar fotos del animal moribundo en redes sociales, esa misma herramienta que hace años la hizo popular por los besos y abrazos que se daba con Júpiter. El martes de la semana pasada se convirtió en tendencia #SalvemosaJupiter.

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Ana Julia, además, ya había llamado al doctor veterinario Delio Orjuela, el mismo que hace 20 años le practicó la cesárea de urgencia a la madre de Júpiter porque la leona, que había sido rescatada de un zoológico, se encontraba en un estado crítico. “El doctor Delio es el padre de Júpiter”, dice Ana Julia. Estuvieron cerca de siete días con el animal, pasaban las noches con él poniéndole suero, y aunque Júpiter mostraba en ciertos momentos alguna mejoría, el animal estaba muy enfermo.

La separación de la mujer del león empezó en mayo del año pasado, cuando el Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente (Dagma), entidad de la alcaldía de Cali, concluyó que en Villa Lorena –donde Ana Julia tenía al el león, con otros animales– no estaba en buenas condiciones, y con el apoyo de la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC) se lo entregaron a la Corporación Autónoma Regional de los Valles del Sinú y San Jorge (CVS), que lo llevó al zooparque Los Caimanes, en Montería, Córdoba. Pero la decisión pareció casi una sentencia para el animal.

Luego de la indignación que despertaron las imágenes del animal moribundo, el Gobierno reaccionó y el ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, ordenó el traslado de Júpiter en un avión de las Fuerzas Armadas hacia Cali, donde tendría mejor atención y podría ser examinado por el mismo doctor Delio y otros expertos, además de que estaría cerca de Ana Julia. A esto se sumó que incluso la Fiscalía anunció una investigación para determinar si hubo negligencia con el animal.

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Era tal el estado de Júpiter que para el desplazamiento no lo tuvieron que sedar. Necesitaba estar tranquilo. Tras llegar a Cali fue trasladado al Centro de Atención y Valoración de Fauna Silvestre (CAF), que maneja el Dagma, en el norte de Cali.

Aunque el último reporte de Ana Julia sobre Júpiter es de estabilidad, la salud del animal es crítica, pues presenta fallas en el hígado y riñones, además de una anemia. Según reportó el doctor Delia, “pueden compararlo con la situación de un ser humano en una unidad de cuidados intensivos”.

Como explica Enrique Zerda, biólogo especialista en comportamiento animal de la Universidad Nacional, hay un término que es la ‘neurosis de jaula’; “uno ve a los felinos moviéndose de un lado al otro, no se quedan quietos, y eso es producto del encierro. Los felinos son animales que necesitan de muchos kilómetros para moverse”. La neurosis genera niveles de estrés muy alto, y cuando es crónica puede generar patologías como la disminución de las defensas. “Se enferman, viven con problemas de infecciones, problemas en el hígado”, dice.

‘Júpiter’ continúa luchando por su vida al cuidado de una junta médica interdisciplinaria en un hogar de paso del Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente (Dagma).

Ana Julia Torres fue a visitarlo el pasado jueves 20 de febrero y se encontró al león enflaquecido, desalentado y tirado a su suerte.

Foto:

Juan Pablo Rueda / EL TIEMPO

El viernes pasado, una vez Ana Julia salió de visitar a Júpiter ella también se enfermó, y hasta el viernes en la noche seguía en el hospital. “Del estrés se me bajaron las defensas. Pero bueno, me alegra que cuando vi a Júpiter estaba estable; ya abre los ojitos, camina a raticos, se levanta, da unos pasitos, vuelve y se sienta. Ya comió un pedacito de carne en la mañana. Estamos esperando a que lleguen los resultados para saber qué tiene”, cuenta.

Sin duda, las muestras de afecto entre Ana Julia y Júpiter sorprendieron. Pero casos como ese son muchos. Zerda explica que los leones son los únicos felinos que son sociales, el resto son solitarios. “Impronta es un proceso de aprendizaje que se da en los primeros meses de vida, y es cuando él se fija el reconocimiento de quién es la mamá. En los leones dura 6 meses o un año. Probablemente, este león fijó que la señora era su mamá y creció con esa impronta. Lo peor que pudieron haber hecho fue habérselo quitado”, dice el biólogo.

Y ante la historia de Júpiter surge una pregunta inevitable: ¿qué hace un león en Colombia? Zerda, que hizo su maestría en Estados Unidos en los zoológicos de Los Ángeles y San Diego, explica que los leones terminan acá por varias razones: traídos por los circos, fueron los primeros traficantes de fauna, afortunadamente ya se prohíbe que traigan animales. Y los otros son los zoológicos.

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Zerda afirma que en Estados Unidos se creó un movimiento muy fuerte para acabar con los zoológicos, pues estos les pagaban a cazadores para que llevaran animales, principalmente de África. El movimiento logró un cambio de mentalidad en los zoológicos, y empezaron a reproducir los animales en cautiverio para reintroducción.

El experto señala que “un ejemplo para Colombia fueron los cóndores que se empezaron a traer a Chingaza y a varios lugares y fueron reproducidos en Estados Unidos, las crías se trajeron para repoblar”. Y resalta la importancia de traer esa mentalidad a Colombia. “El zoológico de Santa Cruz y el del Jaime Duque están cambiando, pero muchos otros no”.

Zerda y Ana Julia hacen un llamado: “No comprar animales, y menos silvestres; amar a los animales, cuidarlos y protegerlos”.

SIMÓN GRANJA MATIAS
Redacción Domingo

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