¿Nos equivocamos cerrando todo canal diplomático y consular con Maduro? – Otras Ciudades – Colombia

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Tengo mucha curiosidad por preguntarle: ¿usted de dónde apareció con esas agallas para ser alcalde de una de las ciudades más difíciles del país?

A ver. Yo pienso que los ciudadanos tenemos a lo largo de la vida momentos de muchísima reflexión, pero también de fortuna, porque si bien es cierto que yo soy un ciudadano igual que todos, tuve un gran ejemplo de mi madre, eso sí, ese es mi punto de referencia, porque esto no ha sido gratuito. Mi mamá todo el tiempo ejerció una crítica constructiva; ella veía algo mal ubicado en la calle, una cáscara de plátano y ella misma la recogía… nos formó así.

¿Pero usted qué profesión tiene?

Yo soy ingeniero civil de la Universidad Santo Tomás de Bogotá, con una formación eminentemente humanista. Yo entiendo, y poco a poco lo he venido confirmando a lo largo de toda mi vida, que el tema del día a día tiene dos connotaciones, un aspecto técnico, que como ingeniero logré aplicar en muchos de mis trabajos. Y el otro es humano. Así vengo enfrentando los retos de la alcaldía.

Tuvo una campaña para su elección bastante extraña, muy, muy pegachenta en el sentido de que a la gente la contagió el eslogan ‘Voten por el viejito del megáfono’. ¿Y eso por qué le dio por presentarse así?

Por una sencilla razón, porque cuando yo tomé la decisión de salir a denunciar la corrupción, entendí que tenía que buscar un mecanismo, porque a puro grito pelao era imposible. Yo empecé a gritar ‘no más corrupción’, ‘no más indignidad’, ‘el futuro de nuestra ciudad no puede estar en manos de la misma clase política corrupta, que viene malbaratando y malversando los recursos públicos’. Pero en el segundo día de campaña ya me di cuenta de que necesitaba algo para gritar.

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¿Y ahí apareció el megáfono?

Sí. Aquí, normalmente, en el mercado en Cúcuta, en las plazas públicas, alquilan los megáfonos; y entonces yo dije, me voy a conseguir uno donde sea, y empecé a buscarlo. En uno de los sanandresitos encontré un amigo que me lo regaló, ¿cómo le parece? Y entonces dije, este es mi apoyo para la campaña. Y esa herramienta me permitió pararme en los semáforos, hacerme oír en las concentraciones, en las calles, y a condenar la corrupción.

¿Cuál era su discurso por el megáfono?

Era: “Mi nombre es Jairo Yáñez, yo quiero ser el alcalde de nuestra ciudad. No es posible prever nuestro futuro en manos de esa clase corrupta. No vendamos el voto. Somos doce candidatos. La ética y la moral no se compran ni se venden. Jairo Yáñez quiere ser el alcalde, sin robar, sin mentir, sin engañar. Vamos para delante. Mi meta es la educación, vamos por la defensa de los recursos públicos”.

Pues lo del megáfono le funcionó. Hoy, usted es el alcalde de Cúcuta…

Y sigo el ejemplo de Antanas Mockus, del exalcalde de Bucaramanga Rodolfo Hernández, de Sergio Fajardo… Son mis tres referentes importantes en esta decisión, en la construcción del modelo.

Pero resulta que en Cúcuta, además de que usted tiene que derrotar los problemas que tienen todas las demás ciudades del país como la corrupción, la inseguridad, el desempleo, tiene otro monumental, que es la inmigración venezolana. ¿Cómo ha pensado usted, alcalde, en recibir con oportunidades de empleo a toda esa gente?

En este momento esa es la bomba de tiempo más grande, pero no es solamente el tema venezolano. Cúcuta, por años, desconoció en la inmigración interna del Catatumbo otro de sus tantos dolores de cabeza, que hoy hace que más o menos más de la mitad de la población de la ciudad viva en condiciones de extrema pobreza. ¿Por qué? Porque lamentablemente la ciudad nunca se preparó ni se desarrollaron estrategias y políticas públicas para atender esta cantidad de inmigrantes. Ahora precisamente en la construcción del plan de desarrollo, en forma estratégica, estamos cambiando el modelo de administrar la ciudad, a partir de fortalecer la sociatividad. El plan de desarrollo está siendo construido con las comunidades, empoderándonos fundamentalmente en la educación, en el emprendimiento, en la innovación, proponiendo cambiar el modelo de educación a partir de que en los colegios se eduquen y se formen emprendedores, no bachilleres clásicos, no muchachos auxiliares de administración o de contaduría, sino que emprendamos el propósito irrenunciable en tecnología, en artes y oficios, en promover estratégicamente la pertinencia de lo que podemos hacer, transformación de alimentos, tecnología.

Sigo el ejemplo de Antanas Mockus, del exalcalde de Bucaramanga Rodolfo Hernández, de Sergio Fajardo… Son mis tres referentes en la construcción del modelo

Si hoy un habitante de nacionalidad venezolana quiere pasar a Cúcuta y quedarse a vivir, ¿puede?

En este momento, un venezolano puede entrar a quedarse aquí, porque no tiene otra alternativa. Hay libertad total para pasar, porque incluso no pasan por el puente normal, sino por las trochas.

¿Y a partir de ahí qué hace su alcaldía con ese ciudadano venezolano? ¿Cómo lo acoge la ciudad?

Lo único que ha podido hacer Cúcuta tradicionalmente es permitir la invasión del espacio público con un infinito número de vendedores, de toda clase de alimentos, de productos, hay una especulación impresionante en el espacio público.

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¿Qué harán para recuperarlo?

Tenemos básicamente tres proyectos muy agresivos, de reubicación de todos esos inmigrantes, en zonas primero que todo estratégicas en las diez comunas, con una reforma urbana. Hay un canal de aguas lluvias que tiene una zona muy amplia para ubicar todos estos comercios. Estamos planteando incluso programas de reforestación de más o menos unas sesenta, setenta mil hectáreas en el área rural de Cúcuta. Crearemos campamentos temporales móviles de reforestadores, incluso en el área departamental; tenemos también el reto de reforestar la cuenca del Pamplonita y la cuenca del río Zulia.

Sí, pero claro, esos asentamientos callejeros crean necesariamente una cantidad de inseguridad. ¿Qué está haciendo usted como estrategia de seguridad? ¿Qué solicitudes le hace al Ministro de Defensa? Lo he oído pedirle auxilio varias veces…

El himno nacional por todos lados. El tema precisamente es control con fuerza pública, control con ejército en las zonas limítrofes de la ciudad, y paralelamente adelantar estos proyectos de educación y de transformación humana, de las personas que llegan al área metropolitana. Esperamos que poco a poco estos desarrollos vayan generando el impacto que todos aspiramos que puedan tener.

Mientras tanto se sigue ocupando el espacio público…

Sí. Eso mientras tanto lo estamos permitiendo, con ciertos controles, que la gente ocupe el espacio público para que le permita sobrevivir, pero sabemos que ese no es el destino. Pero paralelamente vamos haciendo poco a poco estos otros proyectos de reubicación y de potencialización de plazas públicas, por ejemplo, rotativas en toda la ciudad, para poder descongestionar el espacio público.

¿Y en materia de educación? Porque obviamente esos niños tendrán que ingresar al sistema escolar de alguna manera…

Necesitamos construir no menos de cinco megacolegios, urgentemente, porque ya hay más de 10.000 niños que se están quedando sin educación. La población de Cúcuta en los últimos años creció más del 10 por ciento. Estamos terminando diseños para empezar a buscar la ayuda nacional o internacional para su construcción. Estamos convocando incluso asesores turcos y sirios para que nos ayuden a mirar el tema.

Personalmente pienso, y me pide la respuesta con el corazón, que es necesario recuperar un diálogo respetuoso y constructivo

¿A usted cuál de todos esos problemas que tiene en su escritorio, que son de todos los días, le preocupa más?

La generación de empleo, obviamente.

¿Y la economía cucuteña no está creciendo al ritmo para absorber toda esa nueva masa laboral?

No, no, lamentablemente no, porque la frontera comercial está cerrada con Venezuela y toda la productividad de Cúcuta la estamos canalizando a través de nuevos mercados, tanto en Colombia como hacia afuera. Estamos potencializando incluso la construcción en el aeropuerto de una plataforma de comercio internacional. Se trata de potencializar cadenas productivas.

Cúcuta-Venezuela tiene poco comercio…

No, cero.

Cero. ¿Pero no viene gente de Venezuela a comprar a Cúcuta?

Cúcuta se está moviendo gracias a las remesas de los familiares venezolanos que depositan sus giros aquí en las casas de cambio, en casas especializadas en recibo de divisas, las cambian aquí en Cúcuta y salen a comprar obviamente objetos de mercado y productos de primera necesidad. Eso está ayudando a mover, relativamente, la economía de Cúcuta.

¿Siente que el Gobierno Nacional y, en general, sus Fuerzas Militares han sido receptivas sobre sus preocupaciones y urgencias?

Sí, sin duda, sin duda. La semana pasada, casualmente, tuvimos, por solicitud nuestra, un consejo de seguridad con participación del Ministro de Defensa y todos los altos mandos.

¿El Presidente se ha mostrado receptivo?

Mucho. Entiende que el problema de la frontera es supremamente grave, y que requiere atención especial, con inversión. El problema no es solamente Ejército y Policía. Aquí necesitamos inversión en educación, en obras públicas, en carreteras, en vías primarias, secundarias y terciarias. Tenemos estructurados los proyectos de recuperación estratégica del tren del Catatumbo; de la carretera Cúcuta-Tibú-Convención-La Mata, para llegar al río Magdalena. Tenemos más de cinco millones y medio de toneladas de mercancías anualmente, que están saliendo vía camión por unas carreteras que son muy poco competitivas. Con trabajo se genera desarrollo, se genera educación, se mueve la economía, y con los controles obviamente que tienen que garantizar nuestra Policía y el Ejército. Sabemos que Venezuela lamentablemente permite que en su territorio estén el Ejército de Liberación Nacional, las disidencias de las Farc, ‘los Pelusos’, los delincuentes de todo el narcotráfico que están saliendo con la coca al Catatumbo; hay más de 120.000 hectáreas de coca todavía, es un mar de coca, es una papa caliente, que obviamente se neutralizará en la medida en que generemos trabajos alternativos y, paralelamente, inversión para generar empleo.

Finalmente, alcalde, yo creo que no hay ningún termómetro mejor que usted, el alcalde de Cúcuta, para contestarme esta pregunta, con la mano en el corazón. Hay una polémica sobre si nos hemos equivocado rompiendo todos los puentes diplomáticos y consulares con el régimen de Maduro. ¿Usted qué cree que debíamos hacer?

A ver. Personalmente pienso, y me pide la respuesta con el corazón, que es necesario recuperar un diálogo respetuoso y constructivo. Entender que Colombia y Venezuela somos dos países que tenemos que entender tres palabras: la dependencia, la independencia y la interdependencia. Ese es el fondo de lo que tenemos que hacer. Pero, entender siempre que el dialogo nos abrirá las puertas a una estrategia que lamentablemente está perjudicando tanto la vida de los venezolanos, en su condición, lamentablemente, de no democracia, que obviamente es preocupación permanente en esta zona de frontera.

Y mientras tanto, ¿qué hacemos con Cúcuta?

Tenemos que sensibilizar la inversión en Cúcuta. Bajo la firme propuesta de que no queremos ser vistos como una ciudad en condiciones de dificultad.

Pero sí las tienen…

Claro que las tenemos. Pero nuestra ciudad es de emprendedores, de atracción de inversión. Estamos en este momento afinando un mecanismo que permite que las empresas por los primeros cinco años no paguen impuestos, y sobre los siguientes cinco solamente el 50 %, que es un mecanismo desarrollado por el Gobierno Nacional, con base en el análisis de las necesidades que a través de los años hemos planteado, que se llama ‘zonas económicas, sociales, empresariales’. Tenemos una zona industrial en proceso de desarrollo. Centros de investigación en nuestras universidades, para preparar jóvenes y profesionales, que nos catapulten hacia el desarrollo con visión de mundo, no hay otra alternativa.

Cuándo dice visión de mundo, ¿es abrir mercados más allá de Venezuela?

Exacto. No queremos seguir dependiendo del estornudo del vecino país. Cúcuta particularmente ha estado en una situación muy cómoda, muy individualista, pensando a muy corto plazo, y solamente será posible con una visión de largo plazo, por eso nuestra estrategia se llama Cúcuta 2050, que nos permitirá construir una visión de futuro, que catapulte a los jóvenes para que nunca más se vuelvan a ir de esta ciudad, sino que, por el contrario, crean en sus sueños, porque todo sueño sin acción es pura ilusión, y de ilusiones nadie vive.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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