Por qué el número de mujeres que estudian ciencia e ingeniería es tan bajo en Colombia – Educación – Vida

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En semanas pasadas, la vicepresidenta de la República, Marta Lucía Ramírez, afirmó que en Colombia “tenemos demasiadas psicólogas y sociólogas”. La polémica, por supuesto, no se hizo esperar.

Aunque la vicepresidenta se descachó con ese comentario, abrió una discusión importante: la poca presencia femenina en STEM (acrónimo en inglés de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) y la brecha que existe entre lo que las personas (hombres y mujeres) estudian y lo que el país necesita con urgencia.

En efecto, si queremos que las mujeres logren mejores salarios y niveles de empleabilidad, debemos enseñarles qué profesiones presentan mejores oportunidades laborales y remuneraciones.

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Lo primero que debe aceptarse es que las profesiones consideradas femeninas o feminizadas ofrecen niveles de remuneración más bajos. Según el Observatorio Laboral del Ministerio de Educación, una mujer que completa su Licenciatura en Biología tiene 43 por ciento de posibilidades de obtener un empleo el día que se gradúa, con un promedio salarial de 1’200.000 pesos. En contraste, una mujer que estudia Ingeniería Eléctrica tiene 95 por ciento de posibilidades de tener un empleo el día del grado, con un promedio salarial cercano a los 2’800.000 pesos.

A esto hay que añadirle el hecho de que el país no sabe qué hacer para cerrar la brecha entre la demanda y la oferta de personas para atender el avance de las TIC y demás tecnologías. Esta brecha se ha ampliado en los últimos años y se estima que, para 2025, tendremos un déficit de 42.000 ingenieros e ingenieras.

La falta de inclusión de las mujeres en carreras tecnológicas y la brecha de género son problemas mundiales que pueden retrasar el crecimiento económico de los países.

Durante una conferencia en el congreso SAP NOW en México, Araceli Campos, la directora de Laboratoria en ese país, afirmó que las mujeres que ingresan al segmento digital tienen salarios más competitivos que en otras industrias, pues, en promedio, reciben 33.000 pesos mexicanos mensuales. Así mismo, señaló que cerrar la brecha de género podría aumentar el producto interno bruto (PIB) hasta en un 70 por ciento, pero que, por ahora, la representación femenina es muy marginal, pues solo una de cada diez personas empleadas en el sector digital es mujer.

Una mujer que estudia Ingeniería Eléctrica tiene 95 por ciento de posibilidades de tener un empleo el día del grado con un promedio salarial cercano a los 2’800.000 pesos

Qué estudian las mujeres

Por estas razones, tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo se han puesto en marcha programas para estimular entre las mujeres el aprendizaje de matemáticas y ciencias.

Si queremos que las mujeres logren mejores salarios y niveles de empleabilidad, debemos enseñarles qué profesiones presentan mejores oportunidades laborales y remuneraciones.

En 2013, las directivas de la Fundación Mujeres por Colombia decidimos empezar a trabajar en la temática de la orientación profesional para estudiantes de secundaria. Entre el 2008 y el 2013 habíamos trabajado en temas de orientación laboral para estudiantes universitarias, y de allí obtuvimos tres aprendizajes:

La mayoría de las estudiantes universitarias estaban registradas en dos grupos de carreras: las tradicionalmente femeninas, como Psicología, Trabajo Social, licenciaturas en todos las áreas, Psicopedagogía, Microbiología, Bacteriología y Enfermería; y las carreras no tradicionalmente femeninas que se han venido ‘feminizando’ durante los últimos veinte años, como Ciencias Económicas (Economía, Negocios Internacionales, Administración de Empresas, Contabilidad), Derecho y Medicina.

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Las preferencias laborales de las mujeres profesionales se centran alrededor del mercadeo y las finanzas. Sectores como la minería, las industrias extractivas, las obras públicas, la seguridad, el transporte, la logística y la tecnología no forman parte de sus intereses.

Esta combinación de preferencias educativas y preferencias laborales tiene un impacto importante sobre la empleabilidad y el nivel salarial del primer trabajo de las mujeres, ya que en muchos casos los sectores menos preferidos ofrecían mejores salarios y oportunidades de empleo.

Solicitamos al Ministerio de Educación información sobre las preferencias profesionales de las mujeres (reflejada por las matrículas universitarias) y sus niveles de ingreso. El ministerio elaboró un estudio donde concluyó que nuestros aprendizajes basados en la experiencia eran correctos: las mujeres tienen altos niveles de participación en las carreras tradicionalmente femeninas, han incursionado en las carreras de Ciencias Económicas, Derecho y Medicina hasta volverse mayoría, pero están claramente rezagadas en las carreras STEM. En las ingenierías de mayor participación femenina (Industrial y Ambiental) solo hay una mujer por cada cuatro hombres y en las demás ingenierías, la participación femenina oscila entre el 7 y el 18 por ciento.

La falta de inclusión de las mujeres en carreras tecnológicas y la brecha de género son problemas mundiales que pueden retrasar el crecimiento económico de los países

Una apuesta informada

Con esta información, empezamos a trabajar en un programa para hacer más visibles las carreras STEM para las estudiantes de los colegios públicos de Bogotá, lo que a su vez aumentaría el número de mujeres matriculadas en esas carreras. Para diseñar nuestro programa –al que llamamos Foro de Orientación Profesional STEM–, nos basamos en la experiencia de otros planes en Estados Unidos orientados a aumentar la diversidad de género, raza y etnia en estas carreras.

La evidencia demuestra que las estudiantes son más influenciables si los mensajes provienen de personas similares a ellas (mujeres de una edad cercana a la suya), por lo cual organizamos un evento en el que las panelistas eran estudiantes de pregrado de Ingeniería y Ciencias Básicas menores de 25 años. Las asistentes eran estudiantes de grados 8.º, 9.º, 10.º y 11.º, así que logramos establecer un entorno de cercanía con ellas.

Acompañamos los paneles con unos talleres de habilidades blandas e información práctica sobre la transición del colegio a la universidad, e incluimos asuntos tan variados como la obtención de créditos y el manejo de relaciones con los estudiantes y los profesores de la universidad.

Nuestro aliado natural era la Secretaría de Educación de Bogotá (SED), porque, además de que el evento debía realizarse en un colegio público (que contara con más de veinte salones y un auditorio para más de 700 personas), requeríamos apoyos logísticos, como almuerzos y refrigerios, y queríamos que el programa se integrara al plan de desarrollo de educación para Bogotá, específicamente en el capítulo de STEM y de diversidad e inclusión.

Nuestra alianza con la SED lleva siete años y ha sobrevivido a tres secretarios de Educación y tres alcaldes. El programa es parte de la parrilla regular de la SED, y el compromiso de esta entidad ha sido tan fuerte y constante que en el plan se han involucrado la Dirección de Diversidad e Inclusión, la de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, Media, Bienestar y la orientación sociovocacional. Además, contamos con el apoyo del Colegio Kennedy IED y el Colegio Mercedes Nariño. Todo esto permitió que este mes completáramos ocho mil beneficiarias.

Entre las panelistas del foro contamos con universitarias que hace siete, seis o cinco años asistieron a este evento como estudiantes de colegio y hoy están cursando ingenierías en varias universidades públicas y privadas en Bogotá, valiéndose de programas como Ser Pilo Paga, becas de las universidades y créditos del Icetex y de la banca privada.

Actualmente, estamos tratando de expandir el programa y agregarle mentoría, acompañamiento y oportunidades de financiación, un tema del cual la vicepresidenta Ramírez se ha hecho cargo a través de un nuevo fondo de financiación de carreras de STEM para mujeres.

ISABEL LONDOÑO POLO*
Razón Pública*** EdM, EdD y ‘coach’ integral, directora ejecutiva de la Fundación Mujeres por Colombia.
** Razón Pública es un centro de pensamiento sin ánimo de lucro que pretende que los mejores analistas tengan más incidencia en la toma de decisiones en Colombia.

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